martes, 29 de marzo de 2011

Una mujer otoño.


                                       


Esa mujer llevaba a la tristeza
 en la cartera entre el maquillaje
y otros misterios. Yo la amé de
carne y hueso, con el alma
en los bolsillos navegantes
entre papelitos donde garabateaba
poemas el paquete de cigarrillos
y algunas chirolas.


Hoy soñé con ella y la recuerdo,
sobre todo recuerdo a sus ojos.
Sucedían en ellos como una 
metamorfosis súbita del día a
la noche.Era como si se cambiase
los ojos, Era como si tuviese
dos pares de ojos.

Los del día tenían  pájaros
inocentes que volaban sobre
un cielo de camposanto.
De noche, sin embargo, sus ojos
eran de árbol, se tornaban silenciosos,
y yo pensaba(cuando se miraba
las manos) que desde sus poros,
con sus dedos, construía al aire.

El sueño consistía en que ella 
abría la ventana y miraba
la luna. Creo que fue la
única vez que los pájaros
se posaron sobre las ramitas.

Pero eso ya no es importante porque
el tiempo trajo al otoño,
porque los pájaros migraron ,
 porque las hojas
secas cubren todo lo escrito
hasta aquí.