martes, 31 de mayo de 2011

Los ojos de esa mujer tenían como
un pedacito
de vértigo
              en el brillo
como cuando
se le
cae a uno la
                       gravedad por la boca
como el aliento el aire el tiempo
cuando se le vierte
                 a uno por la boca
como crepúsculo
                        pasaban la gorra
los ojos de esa mujer
luego de dar su callejero
                             espectáculo
para que los pobres y los borrachos
gasten sus últimas pelusas
                             y los miserables
 de siempre miren para el otro lado
                                       ignorantes
de los ojos de esa mujer
en el borde
de la media luna
                         listos para saltar
 con
un paracaídas brotaban sus ojos
como su cuerpo
                  como un jardín de pájaros
enraizados al cielo nocturno
como una orquesta
                      de flores que tocan
el violín de sus ojos
                     que se vierten al infinito
como caer
                  universo
                                    en sus ojos
llegar al sol
                          a las estrellas
caminando
            de vuelta
                                a casa

martes, 10 de mayo de 2011

Tormentas.

Y me arrimaba a la tormenta desde el umbral
para oler la lluvia, ese olor a pez o a barco
que brota desde el barro como la tierra.
Ese olor a lluvia que uno no llega a comprender
nunca como llega a ser olor.
Y me arrimaba a la tormenta, para contemplar
el gran clavado de las hojas en que encontraría
al pájaro oculto entre las ramas o como río
en el cielo.
Y me arrimaba a la tormenta, despacito, como un nene 
que le saca las rueditas a la bici y va a probar hacer 
equilibrio por vez primera.
Con el paraguas abierto por las dudas,
sobre la cuerda floja del reflejo de un charco,
solamente para salpicarme con sus pensamientos,
 para salpicarme el pelo,
los píes, las medias, los pasos.

Y de repente un trueno, como un verdadero terremoto en el cielo.
Y   entre el olor del agua aparecía su perfume mucho mas
fuerte que toda la lluvia, o se paraba frente a una vidriera
y me temblaban el salario y las horas extras mientras
todavía quedaban chispitas del trueno.
Y era su lapsus de vanidad espejito a espejito
de mujer hermosa .
 O luego como pinchazos 
un manantial de relámpagos que se empozaba
en el cielo y yo saltaba como loco
del mate la silla y el cuelgue
a desenchufar los artefactos ante las explosiones.

Y me arrimaba a la tormenta, como una aventura,
como una ventana,
y si el chaparrón hacía silencio 
 era porque la furia había desembocado
al llanto y las goteras filtraban el techo,
 como el fuego del sol que se filtraba apenas
entre las nubes por un ratito aunque sea ,
para que los abismos se enciendan en su sexo
como el mar,
 y para que en una brisa aparezca 
la sirena que la habitaba  y un canto
encantado envolviera a todos los tornados.


Hasta que finalmente me hundía
en la tormenta, como un buzo
viceversa me anclaba en la tormenta
dispuesto a pescar
un océano del tamaño de sus ojos;
 que se cerraban profundamente
cuando todo ya devenía  en garúa.