lunes, 29 de noviembre de 2010

Escondidas.

Te confieso
que cuando vengas voy a abrir las  ventanas 
del sótano para que 
salgan a tomar un poco de sol los fantasmas.
y que cuando te vayas voy a ser capaz de golpear las puertas
de tu sexo a cualquier hora, hasta romperme las manos, a pesar
de que se quejen los vecinos y eso te avergüence.

 Te prometo
que mientras tanto seas tu infancia
prenderé la luz para que duermas tranquila.
Y que mientras tanto seas tu mujer
fumaremos juntos en silencio a la madrugada.

Te juro
que cuando llores saldré a caminar bajo 
 lluvia hasta fundirme en un charco
de lágrimas tan ridículamente tristes
como para hacerte reir. 
Y que mientras nades
meteré la cabeza en un balde
para escuchar como
tu aleteo salpica.

Te adelanto
que cuando estés llegando
te encontraré en la calle por casualidad
un kilómetro antes de la lejanía, y
que cuando te estés marchando  ya estaré
buscándote en la próxima vida, en una estación
de trenes abandonada.

Te escondo por las dudas que mientras duermas
llenaré la habitación con atrapasueños de todos los
colores, para descolgarlos antes del alba, y
que mientras vayas creciendo, yo
estaré dándole patadas al reloj de mi adolescente,
para que le salga barba y se le quite el acné,
sea como sea, urgentemente.

No existe otra posibilidad para un futuro mas que desde
la tempranía te estaré extrañando. Y que mientras
te estés quedando yo me iré volviendo eternamente
de la muerte por el resto de mi vida.

Por eso tengo que decirte, finalmente, que estés donde
estés así sea en el mas allá o mas lejos,
las aves dejarán su estela como cenizas
 en el sitio exacto donde poses tus ojos.
Y que mi mundo olerá a tu pelo hasta dar la vuelta
al mundo infinitas veces.

Para poder encontrarte escondida,
luego de contar hasta cincuenta,
 sin hacer trampa,
 miles de noches mas.





No hay comentarios:

Publicar un comentario