miércoles, 9 de febrero de 2011

Airícola

he naufragado en cada terminal de tus pájaro.
dormí en bancos, por los andenes, meses y meses.
 Un verano en el que el aire fue un boleto en avión
a la copa de los árboles de los países lejanos
 de un continente en el cielo despegué
hacia las Indias levitando sobre tu nido.

en invierno, con el frío de mil perros,
tu aliento migraba una primavera de menta,
con chicles y pinos de Canadá.

comprobé el delirio, esa mañana,
en la boca del aeropuerto,
cuando te abrí, haciendo dedo en tu piel,
 a una manchita de nacimiento cercana al fuego.

Todo era tan agreste en tus ojos, tan inverosímil
para un hombre de ciudad acariciado con el viento
de un cutis de cemento,que cuando tus pestañas
tejieron bosques y montañas en las sombras y luces
de la noche, mi carpa se estancó en un fulgor de otro
mundo, de tal modo, que todo el polvo fue de cosquillas
de estrellas, esparcidas por el cosmos, con la arena
de todos los desiertos de los un millón cuarenta y cuatro
mil planetas.

oh!De solo recordar los guisos y guisos de lombrices
!que manjar!

O en el ciber de  la estación de tus plumas, esperando
 la próxima  ala que me lleve a cualquier nube,
encontré en google la web de tu pelo, en la ventana
de tus sueños, derramados sobre la almohada.


ahora que estoy viejo y colgué la mochila,
ahora que las artesanías se congelaron
en mis manos.Tengo que confesarte,
hermosa airícola:
 fuiste la mujer de mi muerte,
por vértigo

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